Lejos de la ciudad
No hay nada tan rom·ntico como un verde prado, una brisa que viene desde el rÌo para agitar apenas las hojas de los ·rboles, y un perfume a flores silvestres que nos envuelve. Antes de que la vida urbana con su asfalto y su contaminaciÛn sonora se adueÒara del mundo, toda historia rom·ntica con todas las letras debÌa tener al menos alguna escena bucÛlica de este tipo, fuera en los jardines de Versalles o en la apacible campiÒa inglesa.
Aunque el mundo ha cambiado, la naturaleza y los paisajes bellos siguen siendo importantes elementos cuando se habla de una situaciÛn rom·ntica. Las lunas de miel, por ejemplo, momento rom·ntico por excelencia, donde todo est· dedicado al amor, suelen tener lugar en sitios poco menos que paradisÌacos, y lo mismo sucede con la tÌpica escapada rom·ntica de fin de semana. Se entiende que, para estas ocasiones nadie elegirÌa una bulliciosa ciudad coronada por una amplia nube de smog, y que las playas en islas remotas siempre llevar·n la delantera.
Momentos de az·car
Si bien es cierto que sobre gustos no se puede teorizar demasiado, hay mucha coincidencia en cuanto a las caracterÌsticas que debe tener la naturaleza de un lugar para que se lo considere un lugar rom·ntico. Por ejemplo, un hotel con todas las comodidades de la vida moderna emplazado en un lugar agreste y paradisÌaco es casi la definiciÛn del paraÌso rom·ntico por excelencia. Para el momento rom·ntico, todos nos imaginamos un lugar donde podamos concentrarnos 100% en la otra persona, y si hay pocos turistas y mirones, tanto mejor. Por ello es que las playas desiertas siempre tienen muchos rom·nticos adeptos.
El amor en el campo
El campo y las residencias rurales ofrecen una paz y una tranquilidad muy propicias a lo rom·ntico. El silencio de otra Època, al que las gentes de ciudad no estamos acostumbrados, y la posibilidad de observar cada bello detalle de la naturaleza que nos rodea suelen despertar a ese rom·ntico empedernido que llevamos dentro, y que los ruidos y la vida r·pida de la ciudad se encargan sistem·ticamente de poner a dormir.
En SudamÈrica, especialmente en Uruguay, Argentina y Chile, por nombrar sÛlo algunos paÌses, se han puesto muy de moda ·ltimamente las estancias turÌsticas, es decir, los viejos cascos de estancia remozados para hacer las veces de hoteles boutique que ofrecen comidas tradicionales, productos org·nicos y una paz que no tiene precio. Sin embargo, la cultura local, orientada hacia el mar, hace que la mayorÌa de las personas que disfruten de estos paraÌsos rom·nticos sean en gran parte turistas europeos o norteamericanos.
Naturaleza salvaje
Las parejas que coinciden en un amor por la exploraciÛn de la naturaleza encontrar·n m·s interesante visitar lugares m·s agrestes o donde haya mucho que explorar, por ejemplo cuevas, rÌos submarinos, cataratas (aunque Èstas tambiÈn resultan rom·nticas y populares para muchos), glaciares, etc. Pienso por ejemplo que mi hermana geÛloga adorarÌa una luna de miel en las laderas de un volc·n, cosa que no serÌa adaptable para todos los paladares. Cuando se trata de encontrar la naturaleza m·s rom·ntica posible, todo vale, y siempre que el sitio elegido evoque en nosotros esos dulces sentimientos que deseamos despertar, la elecciÛn ser· siempre bienvenida. Para los realmente aventureros, recomiendo algo que acabo de leer en un libro que recomienda 101 cosas para hacer antes de morir: cierre los ojos, ponga el dedo en un planisferio y visite el lugar seÒalado. La naturaleza puede ser rom·ntica en cualquier parte y, a no ser que su dedo haya caÌdo sobre un paÌs en plena guerra, la aventura siempre valdr· la pena.